Un republicano español en el holocausto

31/05/2016
La historia del preso 3.447 de Mauthausen que tenía que ser contada
·         Guillermo Rodríguez
·         El Huffington Post

Alfonso Maeso se alistó con apenas 17 años en el bando republicano para luchar contra el alzamiento fascista. Lo hizo a escondidas, de noche y convencido de que hacía lo correcto. Atrás dejaba a una familia de izquierdas y liberal en la que, más por pragmatismo que por convencimiento, se respiraba conservadurismo. Al abandonar su hogar, Maeso jamás imaginó que emprendía una camino que comenzaría en España, le haría atravesar Francia y le llevaría hasta el austriaco campo de concentración de Mauthausen. Entre el 1 de enero de 1941 y el 5 de mayo de 1945 sería el preso 3.447.
Hay algo peor que vivir el horror: olvidarlo. Más aún cuando eres uno de los pocos supervivientes del genocidio nazi; cuando eres uno de los escasos testigos de la inimaginable “capacidad exterminadora de los seres humanos”. Alfonso Maeso sufrió el horror de Mauthausen, pero quiso y pudo contar cómo fueron esas jornadas que siempre concluían con la misma duda: “He sobrevivido un día más, ¿lo conseguiré mañana?”.

Mauthausen, la terrible historia por la supervivencia de Alfonso Maeso, la escribió su sobrino nieto, Ignacio Mata. Publicada en 2007, ahora ha sido reeditada por la editorial Crítica. Es un relato con los adjetivos justos, nada propenso a caer en el sentimentalismo y repleto de frases tan secas y duras como los 186 escalones que Maeso tuvo subir, durante varias veces todos los días, acarreando piedras de 20 kilos.  “Me gusta pensar que es una historia que siempre ha querido ser contada y yo he sido un peón en este juego”, reconoce Ignacio Mata, que ha puesto letra a la voz de su tío abuelo. Fueron años escuchando sus historias, anécdotas y relatos que se perdían una vez terminaba la conversación. Hasta que un día Mata se dio cuenta de que había material suficiente como para publicar una edición familiar: “Un día le llevé a mi tío abuelo una grabadora y le expliqué que todo eso que contaba, y que a mí me interesaba tanto, debería quedar impreso. Pasaron los meses y me confesó que no se había hecho a la máquina, pero sí había escrito unas páginas contando sus vivencias”. Era apenas 40 folios y ya había una editorial interesada en que esa potencial ‘edición familiar’ formase parte de la conciencia social.
 Se inició entonces una dura labor de rebañar en la memoria, de sacar todo aquello que Alfonso Maeso sólo se contaba a sí mismo. Así hasta lograr cien páginas más. “Me reuní con él durante un año y medio en Barcelona, y es ahí donde tuvo que hacer un esfuerzo importante de memoria. No le costaban los detalles, sino los sentimientos. Fue un proceso muy duro para él. Teníamos que parar constantemente porque revivía el horror en cada página”. Al final salió el relato completo, un esfuerzo tenaz con el único fin de que su historia fuera pública.
En el prólogo del libro, el propio Alfonso Maeso destierra cualquier idea de heroísmo. Las 126 páginas de Mauthausen son, según reconoce, “el cumplimiento de un deber que me impuso el destino y de una promesa vital. Más aún, fueron la razón principal que me mantuvo vivo los cinco largos años en los que el III Reich decidió pisotear mi existencia” . Y sólo ondea una bandera: la de la honestidad. “Espero que ninguna de las personas que lean estas páginas ponga en duda una sola de mis palabras”, escribe.
LA CONSTRUCCIÓN DEL HORROR
Mauthausen es el relato del horror. La historia de un campo de extermino en el que “olía a muerto” y en el que los alemanes pensaban matar a los presos “de hambre, penurias y trabajo”. Maeso llegó a pesar 45 kilos pese a que, como él mismo reconoce, gozó de relativa suerte en los destinos que le encomendaron dentro del campo. El primero, la construcción del edificio que acogía el crematorio y la cámara de gas. Entonces no sabía que estaba ayudando a levantar dos de los símbolos universales del horror nazi.
Entre evocaciones del día a día, del hambre y las torturas, Maeso matiza ideas como que los españoles eran objetivo prioritario de exterminio. No: fueron los judíos, cuya esperanza de vida en el campo no llegaba a los tres meses. Sobre ellos se aplicó un trato “bestial y sanguinario”, mientras que el recibido por los españoles fue “violento, cruel y sañudo”.

 En Mauthausen ingresaron diez mil españoles. Sobrevivieron 2.500. Porque el verdadero cementerio para los españoles, el matadero, estaba a escasos cinco kilómetros: Gusen.
Páginas que duelen pero que, al mismo tiempo, tienen la capacidad de sacar lo mejor del ser humano, de que emerja la solidaridad en el horror. Lo cuenta Ignacio Mata según palabras de su tío abuelo: “En Mauthausen descubrí hasta dónde puede llegar un hombre cuando odia sin límites, pero también supe de su capacidad para hacer el bien y, créanme, es mucha. En Mauthausen entramos un grupo de huérfanos. Cuando salimos éramos una familia”.
Presos que se convirtieron en héroes —a los que España aún no les ha debido el merecido reconocimiento— porque o eran eso o eran víctimas. Testigos del horror a los que los nazis destrozaron la existencia pero no liquidaron su memoria. Que se empeñaron en vivir para contar. Lo dice Maeso: “Mientras nosotros contemos a la humanidad lo que allí pasó nunca serán olvidados del todo”.

La falta de transparencia de la casa real

A pesar de ser un organismo público, todos los contratos son considerados “privados”.

7-8-20

Juan Carlos I en un acto el 14 de septiembre de
Juan Carlos I en un acto el 14 de septiembre de 2005.

El 3 de agosto de 2020 se difundió un comunicado histórico de la casa real. Su Majestad el rey Don Juan Carlos comunicaba a Su Majestad el Rey Felipe VI su decisión de vivir fuera de España “ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada”.

Desde que se hizo público dicho comunicado, la opinión pública se pregunta: ¿por qué se ha trasladado al extranjero si goza de la presunción de inocencia?, ¿a qué país se ha ido el rey emérito? La casa real guarda silencio, ¿por qué? Esta opacidad alimenta  todo tipo de especulaciones y bulos. 

Con independencia del sentimiento, predilección o preferencia que tenga cada persona sobre la monarquía o la república, y de las ventajas o inconvenientes de cada una de ellas, lo cierto y verdad es que ambas formas políticas del Estado comparten una necesidad común. Deben ser transparentes. Y ello por una razón muy sencilla: la monarquía y la república se financian con los fondos públicos recaudados de los impuestos pagados por la ciudadanía.

Como sabemos, la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. El rey es el jefe del Estado y tiene los siguientes privilegios: es inviolable, no está sujeto a responsabilidad y la Corona es hereditaria (artículos 1.3, 56.1, 56.3 y 57.1 de la Constitución Española, en adelante, CE).

Como contrapartida a estos extraordinarios privilegios, la Familia Real y la casa real también deben ser extraordinariamente transparentes. Y el margen de mejora es todavía muy amplio, como vamos a ver a continuación.

La Familia Real no está sujeta a la Ley de Transparencia

La casa real y la Familia Real son instituciones diferentes. La casa real o Casa de su Majestad el Rey es un organismo que, bajo la dependencia directa de Su Majestad, tiene como misión servirle de apoyo en cuantas actividades se deriven del ejercicio de sus funciones como Jefe del Estado (artículo 65.1 de la CE).

En cambio, la Familia Real está compuesta por las siguientes personas: S.M. el rey Don Felipe VI; S.M. la reina Doña Letizia; S.A.R. la princesa de Asturias; S.A.R. la infanta Doña Sofía; S.M. el rey Don Juan Carlos y S.M. la reina Doña Sofía.

El artículo 2.1.f) de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno (en adelante, LTAIPBG) incluye en su ámbito de aplicación a la casa real, pero no a la “Familia Real”, cuyos integrantes, incluido el propio jefe del Estado, tampoco son considerados altos cargos, como los miembros del Gobierno, por lo que no tienen la obligación de presentar declaración de bienes y derechos (copia de las declaraciones del Impuesto sobre Patrimonio y del IRPF, artículo 17 de la Ley 3/2015, de 30 de marzo, reguladora del ejercicio del alto cargo de la Administración General del Estado).

En mi opinión, la financiación pública que reciben los miembros de la Familia Real justificaría la obligación de publicar en su Portal de Transparencia las declaraciones de bienes y derechos de todos los integrantes de la misma.

Imagen de archivo de Juan Carlos
Imagen de archivo de Juan Carlos I. 

Falta de publicidad previa en los contratos celebrados por la Casa Real

El artículo 65.1 de la CE señala que el rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma, es decir, puede gastar dicho dinero sin estar sujeto a la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público.

A pesar de ser un organismo público, todos los contratos celebrados por la casa real son considerados “contratos privados”.

El artículo 15 del Real Decreto 434/1988, de 6 de mayo, sobre reestructuración de la Casa de S. M. el Rey, en su redacción introducida por el R.D. 772/2015 , de 28 de agosto, señala lo siguiente:

“La actividad contractual de la Casa de S.M. el Rey se inspirará en los principios de concurrencia, transparencia, eficiencia, agilidad, simplicidad y coordinación.Por la jefatura de la Casa se aprobarán las instrucciones que deban regir la contratación, las cuales se publicarán en su página web”.

En las instrucciones de contratación de fecha 16/4/2015, se dice que “los contratos tienen naturaleza privada y se regirán por las presentes Instrucciones y por las normas de derecho privado que resulten de aplicación según el tipo de contrato”.

En la instrucción nº 17 se contemplan 2 procedimientos de contratación: 1) procedimiento general (contratos de valor estimado superior a 18.000 euros, sin IVA) y 2) procedimiento para contratos de gastos menores.

A pesar de ser un organismo público, todos los contratos celebrados por la Casa Real son considerados “contratos privados”

En cuanto a la tramitación del expediente del procedimiento general, se realiza sin ninguna publicidad: “se acompañará la relación de los proveedores a los que se estima conveniente pedir oferta, en número no inferior a tres, siempre que sea posible. En caso contrario, se justificará debidamente en el expediente”.

La casa real, a pesar de su naturaleza de entidad pública, no está obligada a publicar en su portal de transparencia toda la detallada y numerosa información que deben publicar las restantes entidades públicas, conforme a lo dispuesto en el artículo 63 de la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público.

En mi opinión, se trata de un privilegio sin ninguna justificación desde el punto de vista del interés general. Son contratos financiados con dinero público, por lo que debería imperar la máxima transparencia.

Así, por ejemplo, en el portal de transparencia de la casa real tan solo aparecen publicados los contratos cada tres meses, sin un listado anual ordenado por la identidad del adjudicatario para facilitar el control.

La selección del personal de la casa real se realiza sin publicidad

El artículo 65.2 de la Constitución Española (CE) establece que “el Rey nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa”, excepcionando el derecho fundamental reconocido a todos los ciudadanos en el artículo 23.2, consistente a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos.

Para la Constitución Española, las personas que trabajan en la casa real reciben un salario público, pero, al parecer, no ocupan un cargo público, ya que todo el personal puede ser nombrado y separado libremente por el rey sin estar obligado a cumplir los principios de publicidad, mérito y capacidad como sucede en la Administración Pública (artículo 103.3 CE).

Palacio Real,
Palacio Real, Madrid.

La falta de publicación en el portal de transparencia de la Casa Real de las declaraciones de los bienes y derechos de sus altos cargos

El artículo 21.5 de la Ley 3/2015, de 30 de marzo, reguladora del ejercicio del alto cargo de la Administración General del Estado, obliga a publicar en el Boletín Oficial del Estado (BOE) las declaraciones de los bienes y derechos patrimoniales de los altos cargos de la casa real.

Sería muy sencillo publicar dichas declaraciones en el portal de transparencia de la casa real o incluir un enlace a la concreta página del BOE donde aparezcan publicadas.

La escasa transparencia de las retribuciones de los altos cargos de la casa real

El artículo 8.1.f) de la Ley 19/2013, de transparencia, obliga a publicar las retribuciones percibidas anualmente por los altos cargos y máximos responsables de las entidades incluidas en el ámbito de la aplicación de este título, entre ellas, de la casa real.

No aparecen claramente publicadas por cada alto cargo y máximo responsable. En el estado de liquidación del presupuesto a fecha 31/3/2020 se consigna una cantidad global de 741.700 euros anuales para todos los altos cargos, pero es imposible saber lo que cobra cada uno de ellos.

La información sobre los presupuestos anuales y su ejecución tiene poco detalle y es difícil de comprender

En el portal de transparencia de la casa real se indica que, para el año 2020, la dotación económica asciende a 7.887.150 euros, señalando que, “con esta cantidad anual la Casa de S.M. el Rey hace frente a sus obligaciones económicas: retribuciones, cuotas y prestaciones sociales del personal de alta dirección, dirección y laboral a cargo de la Casa; gastos de funcionamiento, como material de oficina; determinados suministros; gastos de protocolo y de representación -almuerzos, cenas, recepciones-; viajes; adquisiciones de material diverso para el funcionamiento de los servicios, etc”.

Sin embargo, no se detallan dichos gastos de forma clara y comprensible. No es posible conocer, por ejemplo, el gasto en viajes o los gastos de protocolo y representación.

En relación con el gasto en viajes, la Familia Real debe informar de todos sus viajes oficiales entre 2015 y 2019. Así lo ha decidido el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CBTG) en una resolución de fecha 1/6/2020, tras una reclamación de Maldita.es. El CTBG dio de plazo hasta el pasado 22 de junio para que se hiciera público el listado de sus viajes, pero no consta, a día de hoy, que se haya cumplido dicha resolución del CTBG.

Es imposible conocer el coste global de la casa real

Más ejemplos. En el apartado de la ejecución presupuestaria, se detalla por grandes partidas el “estado de liquidación del presupuesto a 31/3/2020”. En dicha liquidación destaca el importe de 2.522.000,00 de incentivos al rendimiento del personal. No se sabe cómo se ha repartido esta relevante suma de dinero ni quiénes han recibido estos incentivos ni las razones justificativas de los mismos.

En definitiva, es imposible conocer el coste global de la casa real, porque, además de la asignación anual que recibe directamente de los presupuestos generales del Estado (7.887.150 euros en 2020), buena parte del gasto se reparte entre distintas partidas de los diferentes ministerios, por ejemplo, el gasto del personal funcionario y eventual se imputa al Ministerio de Presidencia; el gasto de seguridad, al Ministerio del Interior, etc.

La falta de transparencia de la casa

Las cuentas anuales y los informes de auditoría y fiscalización no están publicados en el portal de transparencia de la casa real

El artículo 8.1.e) de la Ley 19/2013 de transparencia, obliga a publicar las cuentas anuales que deban rendirse y los informes de auditoría de cuentas y de fiscalización por parte de los órganos de control externo que sobre ellos se emitan.

Sin embargo, las cuentas anuales y los informes de auditoría no aparecen publicados en el portal de transparencia de la casa real.

En el BOE de 26/09/2019 se publica un convenio suscrito el 30/5/2019, entre la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) y la casa de su Majestad el Rey, para la realización de auditorías de cuentas.

Es importante destacar que la casa real no está obligada legalmente a auditar sus cuentas. Voluntariamente lo decidió al suscribir dos convenios con la IGAE en 2014 y en 2019.

Después de una detenida búsqueda en el Portal de Transparencia de la casa real, no he sido capaz de encontrar el anterior convenio suscrito el 18/09/2014, por lo que, salvo error u omisión por mi parte, no está publicado en dicho portal. Tampoco están las cuentas anuales, los informes de auditoría y fiscalización, realizados al amparo de dicho convenio.

A modo de conclusión

En su discurso de proclamación ante las Cortes Generales el 19 de junio de 2014 , S.M. el Rey dijo lo siguiente:

“La Corona debe (…) velar por la dignidad de la Institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren –y la ejemplaridad presida– nuestra vida pública. Y el rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos”.

El futuro de la monarquía española dependerá, sin duda, de su mayor o menor transparencia. Quedan muchas cosas por hacer y el margen de mejora es todavía muy amplio. Los ciudadanos son cada vez más exigentes y no pueden confiar ni apoyar a una institución opaca.

La transparencia no distingue entre monarquía o república. Ambas formas de Estado se financian con dinero público y deben rendir cuentas. Ni más ni menos.

Las propuestas de mejora de la transparencia de la casa real apuntadas en este comentario son muy fáciles y rápidas de aplicar. Además, no tienen ningún coste económico. Solo falta lo más importante, la voluntad de querer hacerlo.

La fortuna personal de Juan Carlos I: un patrimonio opaco y de origen incierto en el centro de la polémica

La fortuna personal de Juan Carlos I: un patrimonio opaco y de origen incierto en el centro de la polémica

Elena Herrera

5 de agosto de 2020

La Casa Real anunció este lunes que quien fuera jefe del Estado durante casi cuatro décadas se marchaba del país “ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados” de su “vida privada”. Lo que la Zarzuela intenta hacer pasar por una cuestión de carácter personal es en realidad una polémica de altura sobre el origen de parte de su fortuna, incluidas las sospechas de que deriva de negocios irregulares y de que utilizó testaferros para esconderla en el extranjero.

Sin embargo, a cuánto asciende la fortuna personal del rey emérito es un misterio. Desde su llegada al trono y hasta el pasado marzo, cuando su hijo le retiró la asignación en medio de la polémica por sus oscuros negocios, ha venido recibiendo un sueldo con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. En 2018 ese montante fue de 194.232 euros. Sólo desde 2015, tras el estallido del ‘caso Urdangarin, la Zarzuela ofrece con restricciones información sobre los regalos institucionales —no los personales— que reciben los miembros de la familia real. Pero el patrimonio del actual rey y de su predecesor sigue siendo secreto. 

La última cantidad atribuida a Juan Carlos I se eleva a 2.300 millones de millones de dólares —casi 2.000 millones de euros— según una estimación realizada en 2012 por The New York Times. El diario llegó a esa cantidad tras hacer “un promedio de cifras ya publicadas”, según contó El Confidencial. En ese artículo, el diario estadounidense subraya que “sigue siendo un secreto” cómo Juan Carlos de Borbón “ha amasado su considerable riqueza personal”. 

En 2002, la ya desaparecida revista Eurobusiness había estimado el patrimonio del emérito en casi 1.700 millones de euros: 545 de fortuna personal y 1.136 de bienes familiares. Según contó El Mundo, el entonces embajador de España en Londres, Santiago de Mora-Figueroa, envió una carta al director de la publicación calificando la cifra de “disparatada”. “[La cifra] solo se puede explicar por haber entendido ustedes, erróneamente, que los bienes públicos propiedad del Patrimonio Nacional, del Estado español, son propiedad privada de Su Majestad el Rey, lo cual es evidentemente inexacto”, escribió el diplomático.

The New York Times asegura en la citada información de 2012 que los bienes del ahora emérito cuando accedió al trono en 1975 eran “prácticamente” inexistentes. En 2013 trascendió la existencia de una cuenta en Suiza vinculada a la herencia de su padre, que falleció en 1993. Juan de Borbón dejó a sus hijos bienes y fondos por un valor de 6,6 millones de euros, de los que 2,2 habrían correspondido a Juan Carlos I, según publicó en aquel momento El Mundo

Entonces, la Zarzuela aseguró que esa cuenta abierta en el país helvético, territorio considerado refugio de evasores fiscales, se había cancelado en 1995 y que el dinero se había destinado a pagar deudas. La difusión de la existencia de esa cuenta y el patrimonio del padre del emérito destruyó el mito de la pobreza de los Borbones por el exilio de Alfonso XIII, su abuelo, durante la Segunda República. 

BHR03 MANAMA (BARÉIN) 01/05/2014.- El rey Juan Carlos (izda) y el monarca de Baréin, Hamad bin Isa Al-Khalifa, revisan la guardia de honor en el Palacio Gudabia en Manama (Baréin) hoy, jueves 1 de mayo de 2014. Tras una primera reunión entre don Juan Carlos y el rey Hamad -acompañados por las delegaciones oficiales de los dos países-, representantes de ambos Gobiernos firmarán varios acuerdos bilaterales, tras lo que tendrá lugar un almuerzo ofrecido por el monarca bareiní en honor de su invitado. EFE/Str

Las pesquisas en Suiza

Precisamente una investigación abierta en Suiza sobre el origen de parte de su fortuna es lo que ha acabado poniendo a Juan Carlos I contra las cuerdas. El fiscal Yves Bertossa indaga si los 65 millones que el monarca donó en 2012 a la empresaria Corinna Larsen, con quien mantuvo una relación extramatrimonial, proceden de una comisión ilegal de 100 millones de dólares pagada por el Gobierno de Arabia Saudí en agosto de 2008 por supuestas gestiones para que empresas españolas hicieran las obras del AVE a la Meca.

El origen de esa investigación está en las grabaciones que en julio de 2018 publicaron OkDiario y El Español y en las que Larsen atribuye al monarca el cobro de comisiones y el uso de testaferros. La conversación había tenido lugar en Londres en 2015 con el comisario jubilado José Villarejo, actualmente en prisión provisional por múltiples delitos, y el expresidente de Teléfonica Juan Villalonga. 

Tras la publicación de estos audios hace dos veranos, el fiscal Bertossa inició una investigación y detectó el rastro de la supuesta donación a la empresaria tras unas pesquisas en los despachos de Arturo Fasana, gestor de fondos radicado en Ginebra, y el abogado Dante Canonica. Juan Carlos I había depositado previamente ese dinero en un banco a nombre de una fundación radicada en Panamá y administrada por Fasana y Canonica. Estos dos últimos y Larsen están siendo investigados por “blanqueo agravado” en ese país. Lo que trata de desentrañar Bertossa es la supuesta estructura que presuntamente pusieron en marcha para blanquear dinero de origen ilícito y esconder parte del patrimonio de Juan Carlos I.

Los testimonios incluidos en la investigación suiza publicados por varios medios de comunicación hablan de un monarca retirando cantidades exorbitantes de dinero periódicamente, de su abogado introduciendo maletines por el aeropuerto militar de Torrejón y de Larsen asegurando que el emérito disponía de una máquina de contar el dinero en Zarzuela. 

Se desconoce por el momento si este es el único patrimonio que el padre del actual jefe del Estado guarda en el extranjero. No obstante, el Consejo Federal suizo rechazó la semana pasada bloquear cautelarmente sus fondos mientras se le investiga. El Ejecutivo suizo denegó la petición de Òmnium Cultural, que había reclamado la congelación de los activos.

Hechos tras su abdicación

La inviolabilidad que la Constitución consagra para los jefes del Estado hace que sea imposible perseguir penalmente a Juan Carlos I por los hechos anteriores a su abdicación en 2014. Es decir, en España no se puede investigar si el origen de su fortuna está en negocios irregulares. Pero el monarca sí debe responder por los hechos ocurridos tras su salida del trono aunque solo ante el Supremo, tribunal ante el que está aforado. 

En esa etapa en la que se centra la Fiscalía del Alto Tribunal, que estudia desde el pasado junio si existen indicios suficientes para abrir una causa contra él tras la investigación que se empezó en Suiza. Lo que un grupo de fiscales especializados dirigidos por Juan Ignacio Campos trata de “delimitar o descartar” es si cometió blanqueo de capitales en los movimientos de dinero o delito fiscal al no informar a Hacienda de sus rentas en el extranjero

De ahí la relevancia del documento que la Agencia Tributaria remitió en septiembre de 2018 a la Audiencia Nacional y en el que informaba de que Juan Carlos I nunca había declarado tener cuentas bancarias en el extranjero. El entonces juez del caso Villarejo, Diego García Egea, solicitó a la Agencia Tributaria esa información en el marco de la pieza 5 de la causa, la que investiga unas grabaciones entre el policía encarcelado y Larsen en las que esta atribuye distintos hechos delictivos al rey emérito, entre ellos fraude fiscal. Cuando recibió la contestación, el juez archivó esa pieza por lo que el informe no trascendió. 

La existencia de ese documento quedó revelada en el auto del actual juez del caso Villarejo, Manuel García Castellón, por el que pasado 27 de julio ordenó la reapertura de esa pieza separada, archivada entonces por ausencia de indicios sólidos y porque otros que constaban contra el emérito quedaban sepultados por la inviolabilidad que protege a Juan Carlos I en todo lo anterior a su abdicación en 2014.

Las ‘amistades peligrosas’ de Juan Carlos I

Las ‘amistades peligrosas’ de Juan Carlos I: los personajes con los que el emérito se divirtió e hizo negocios desde la Transición

Elena Herrera

6 de agosto de 2020

Magnates de medio mundo, empresarios y banqueros corruptos, altos mandatarios de países nada respetuosos con los derechos humanos e incluso traficantes de armas. La agenda de contactos del rey Juan Carlos I incluye amistades poco ejemplares, personajes que en ocasiones acabaron envueltos en turbios asuntos e incluso pisando la cárcel.  

El diplomático Manuel Prado y Colón de Carvajal —uno de sus grandes amigos y administrador de su dinero privado durante más de dos décadas—, el empresario Javier de la Rosa, los llamados Albertos —Cortina y Alcocer—, el banquero Mario Conde o el traficante de armas Adnan Khashoggi son algunos de los hombres que han formado parte del círculo de amistades del ahora rey emérito. 

Lo llevaban de caza, iban a navegar o le hacían regalos, incluidos varios yates y vehículos de motor de alta gama. Entre ellos, un lujoso Porsche 959 que el monarca estrelló en dos ocasiones. También hacían negocios. Juan Carlos I llegó a presentar en Riad a la iraní Shahpari Azzany Zanganeh, exmujer de Kashoggi y una de las grandes comisionistas del AVE a La Meca, como su “persona de confianza”. Años después las sospechas de corrupción en torno a la adjudicación en 2011 de esa infraestructura a empresas españolas han acabado poniendo la lupa judicial sobre él y forzando su salida de España

Sin embargo, la sombra de la corrupción no acecha únicamente a los negocios que el monarca hizo en su última etapa en el trono. Ya desde la Transición hay anécdotas que reflejan cómo Juan Carlos I movía muchos hilos en las potencias petroleras del golfo Pérsico.

Roberto Centeno, nombrado consejero delegado de la semipública Campsa en 1979, ha relatado cómo fue reprendido por el entonces ministro de Hacienda, Francisco Fernández Ordoñez, por comprar 150.000 toneladas de petróleo en Kuwait en 1979, en plena crisis por la escasez de crudos. Según relató él mismo en un artículo enEl Confidencial, Fernández Ordoñez le dijo que Manuel Prado y Colón de Carvajal le había montando “un pollo” al enterarse de la transacción porque Arabia Saudí y los Emiratos eran su territorio y “nadie más que él podía negociar ni un barril”. “Ni se te ocurra volver a hacer nada parecido”, asegura Centeno que le dijo el ministro. 

Prado y Colón de Carvajal —padre del expresidente de Endesa, Borja Prado— no era un cualquiera. Fallecido en 2009, fue uno de los grandes amigos de Juan Carlos I y su administrador privado durante más de dos décadas. Según Centeno, cuando era él el que conseguía los barriles, Hacienda pagaba el precio que ponía en la factura sin hacer averiguaciones ni intentar conseguirlo más barato por otras vías.

Considerado uno de los hombres en España del fondo soberano kuwaití​ —conocido como KIA—, Prado y Colón de Carvajal acabó acumulando dos condenas por apropiación indebida. Llegó a ingresar en prisión cuando tenía 72 años, en 2004, pero por razones humanitarias se le concedió el segundo grado penitenciario dos meses después. 

A Prado y Colón de Carvajal y, en consecuencia, al emérito, aparece ligado también el nombre del financiero catalán Javier de la Rosa, intendente de los intereses kuwaitíes en España. De la Rosa acumula varias condenas. Una de ellas por apropiarse de más de 375 millones de euros de la sociedad kuwaití KIO y su filial española, Grupo Torras, y hacer perder sus ahorros a más de 10.000 pequeños accionistas. Según cuenta el periodista Álvaro de Cózar en uno de los capítulos del podcast XRey (Spotify), en uno de los juicios De la Rosa dijo que parte de ese dinero se lo había dado a Prado de Colón y Carvajal para conseguir apoyos para pagar la guerra del Golfo. 

En el círculo de amistades del emérito aparecen también los empresarios Alberto Cortina y Alberto Alcocer. Apodados coloquialmente como Los Albertos, eran los máximos accionistas del Banco Zaragozano cuando la entidad fue vendida al Barclays Bank en 2003. Ambos han vuelto al foco público después de que el británico The Telegraph publicara el pasado febrero que el primo y supuesto testaferro del emérito, su primo Álvaro de Orleans, cobró 39 millones de libras —más de 40 millones de euros— por ejercer como mediador en esa transacción. En una entrevista en El País, Orleans negó tener ninguna relación con los empresarios españoles ni con esa supuesta comisión. Los Albertos fueron condenados por estafa en otro de sus negocios, pero el Constitucional anuló la condena.  

Mario Conde y los saudíes

Entre la élite nacional destaca también la relación de Juan Carlos I con el expresidente de Banesto Mario Conde, a quien se atribuye la conspiración para retirar de su puesto a Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey entre 1990 y 1993. El predicamento de Conde sobre el emérito era tal que le acabó convenciendo de que había sido Fernández Campo quien había filtrado a la prensa su relación extramatrimonial con la decoradora balear Marta Gayá, según recoge el podcast XRey. Al igual que Corinna Larsen, Gayá también habría resultado beneficiaria en última instancia del dinero saudí, tal y como ha publicado recientemente la Tribuna de Ginebra

Sabino Fernández Campo no se fiaba de Conde ni del resto de ‘amistades peligrosas’ de Juan Carlos I. Y el tiempo le dio la razón. Muchos de ellos acabaron envueltos en turbios escándalos y varios pisaron la cárcel. La prisión de Alcalá Meco fue el destino de Mario Conde, que fue condenado a veinte años por apropiación indebida, estafa y falsedad por su gestión cuando era máximo responsable de Banesto. Apenas medio año antes de que estallara ese escándalo el rey había presidido el acto de entrega del doctorado honoris causa de Conde por la Universidad Complutense.

El banquero contó años después al periodista Carlos Dávila, según recoge el podcast XRey, que la mañana de la intervención de Banesto el rey le llamó por teléfono ofreciéndose a mediar con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, pero que él se negó por “lealtad” a Juan Carlos I y a su padre. “Señor, aléjese de esto. Esto huele muy mal”, asegura el banquero que le dijo al emérito en presencia de testigos.

Juan Carlos y el rey de Arabia Saudí, Abdalá Bin Abdulaziz Al Saud, en julio de 2008 en Madrid.

Mucho se ha escrito también sobre sus vínculos con la familia real de Arabia Saudí. Con esa monarquía –que tantas denuncias de derechos humanos acumula– Juan Carlos I ha mantenido una relación larga y especialmente fructífera para su bolsillo. El fiscal Yves Bertossa, que instruye la causa contra sus supuestos testaferros en Suiza, ha hallado evidencias de la utilización por parte del monarca de fundaciones offshore para recibir 100 millones de dólares de la casa real saudí en 2008. Tanto Bertossa como la Fiscalía española están intentando esclarecer si ese regalo tiene que ver con el pago de comisiones ilegales por las obras del AVE a La Meca. 

La periodista Rebeca Quintáns explica en el libro Juan Carlos I, biografía sin silencios (Akal) que Juan Carlos I mantuvo una relación especialmente estrecha con el rey Fahd bin Abdelaziz al-Saud, que falleció en 2005. “A él debía multitud de favores constantes y sonantes, como los 100 millones de dólares que le prestó durante la Transición y que el Borbón nunca entendió que tenía que devolver o el regalo de su segundo yate Fortuna, en 1979”. 

Este no fue el único yate con el que sus amistades agasajaron a Juan Carlos I. En el año 2000 empresarios turísticos, banqueros, hombres de negocios de éxito e incluso el Gobierno de Baleares —con Jaume Matas (PP) como presidente— reunieron más de 18 millones de euros para sufragar la construcción de otra embarcación llamada también Fortuna y rebautizada después como Foners. Tras ser utilizada durante varios años, la familia real renunció a su uso en 2013. La naviera del exministro del PP Abel Matutes la acabó comprando en 2014 por 2,2 millones de euros a Patrimonio Nacional. 

Conocida es también la pasión del emérito por la velocidad y los vehículos de alta gama, una afición que no ha pasado desapercibida para sus amigos en el golfo Pérsico. El jeque de Dubai Mohammed bin Rashid le regaló en 2011, cuando acudió al GP de Abu Dhabi, dos ejemplares del Ferrari FF valorados en más de 300.000 euros cada uno. Con el país inmerso en una profunda crisis económica, el monarca renunció a usarlos y Patrimonio Nacional acabó sacándolos a subasta. 

Cómo tapar un affaire

Las leyendas de los años noventa también dan cuenta de la relación extramatrimonial que Juan Carlos I mantuvo con la vedette Bárbara Rey, a la que conoció en los años de la Transición. Y, sobre todo, de los intentos de la seguridad del Estado por ocultar ese affaire, del que existe constancia documental a través de vídeos, fotos y cintas grabadas que ella se encargó de registrar.

Esa relación y el posible uso de fondos públicos para comprar el silencio de Bárbara Rey emergió en 2017 tras revelar OkDiarioque agentes del Cesid (actual Centro Nacional de Inteligencia, CNI) depositaron entre 1996 y 1997 en un banco de Luxemburgo cantidades millonarias de dinero para la actriz. En las informaciones y libros publicados hasta la fecha no hay unanimidad sobre cuánto dinero llegó a recibir. Unas versiones hablan de un pago único de 500 millones de pesetas (tres millones de euros) y otras de pagos mensuales durante años. También está bajo sospecha la contratación de la actriz en televisiones públicas. 

Lejos de los escándalos que ahora ensombrecen su figura, Juan Carlos I fraguó estas amistades cuando la monarquía española apenas se cuestionaba, cuando nadie podía prever que sus últimos años de reinado dejarían tan tocada a la institución. Ellos eran también  empresarios y banqueros de éxito para los que estar cerca de un jefe del Estado era la mejor carta de presentación.

“Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón”

jueves, 7 de abril de 2016

“Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón”

“Los españoles han echado al último Borbón no por Rey, sino por ladrón” (Valle-Inclán de Alfonso XIII) Y aparece doña Pilar, la tía de Felipe VI
Enric Sopena
Mar, 5 Abr 2016

El desastre de Annual, el 22 de julio de 1921, supuso el hundimiento del Ejército español de aquellos tiempos. Derrotado en esa batalla brutal y colonial, Todas las miradas, airadas, apuntaron de inmediato al Rey Alfonso XIII y a uno de sus hombres de máxima confianza, el conde de Romanones. Éste era hijo de uno de los hombres más ricos de España. Las relaciones entre el Rey y el mencionado conde no fueron sólo políticas, sino económicas. Mientras altos jefes militares se dedicaban, con notoria intensidad y honradez, a saber y difundir la verdad del desastre de Annual, el capitán general de Cataluña en ese tiempo. Miguel Primo de Rivera, obedeció al monarca. Y de este modo se lanzó, con gran satisfacción de no pocos empresarios catalanes, a dar un golpe de Estado. Así fue como el denominado expediente Picasso –por el general Picasso-, junto a otros generales ejemplares fue el caso del general Batet.

Años más tarde, el general Batet fue fusilado por el ya Generalísimo, Francisco Franco. El Rey actual, hijo de Juan Carlos I y de Sofía, ha callado ante su tía y los negocios de esa familia Cuando llegó, pues, la Segunda República, el escritor Ramón María del Valle-Inclán declaró lo siguiente: “Los españoles han echado al último Borbón, no por Rey sino por ladrón”. ¿Fue un ladrón Alfonso XIII? Todo señala que sí, que lo fue.

¿Don Juan de Borbón, lo fue, al parecer? El diario El Mundo lo da por hecho. Tras leer los papeles de Panamá título del periódico citado: “El precedente de Don Juan y su herencia en Suiza. El Gobierno lleva desde 2013 sin contestar la pregunta parlamentaria sobre el legado que se repartieron Don Juan Carlos y sus hermanas”. En este asunto, Juan Carlos I debería tener mucho que hablar al respecto, y no positivamente, porque su pulcritud como jefe de Gobierno no ha sido nunca su dimensión más confortable. El Rey se tuvo que marchar, entre otras circunstancias evidentes, porque el caso de los millones y millones de una de sus hijas y de su deportivo suegro, se abrió a la justicia.  Y de pronto aparece en el tablado doña Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I, y le sale a la monarquía otro grave roto que le ha funcionado durante cuarenta años.

El Rey actual, hijo de Juan Carlos I y de Sofía, ha callado ante su tía y los negocios de esa familia. En fin que todo huele de nuevo mal y no sólo en Dinamarca. También sucede algo parecido en la familia de Jordi Pujol y sus corruptos catalanes.
Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

Antonio Mercero

sábado, 12 de mayo de 2018

Fallece ANTONIO MERCERO.

Fallece Antonio Mercero a los 82 años

La Academia de Cine ha informado de la muerte del creador de ‘Verano Azul’ o ‘Farmacia de Guardia’
elplural.com
Sáb, 12 Mayo 2018  El director y guionista Antonio Mercero, Goya de Honor en 2010 y autor de las series ‘Verano Azul’ y ‘Farmacia de guardia’, ha fallecido a los 82 años de edad, según ha indicado la Academia de Cine.
Mercero (Lasarte, Gipuzkoa, 1936), el único español ganador de un premio Emmy por su trabajo en la película ‘La cabina’ (1972), padecía alzheimer desde el año 2012.
Entre sus grandes éxitos figuran ‘La cabina’, ‘La guerra de papá’ o ‘¿Y tú quién eres?’.



No es verdad lo de las 5.000 amantes del Rey Juan Carlos: Solo tuvo 4.786

martes, 4 de junio de 2019

El escandaloso libro sobre el rey Juan Carlos: “Es un adicto al sexo. Sofía lo pilló con Sara Montiel”


Un libro escrito por Amadeo Martínez Inglés, un excoronel del Ejército condenado por injurias al llamar “putero” al rey Juan Carlos, revela la vida sexual del monarca. En la biografía se da a conocer su “adicción al sexo” y sus “5.000 amantes”, entre ellas Sara Montiel, que supuso el distanciamiento de la reina Sofía.
Recientemente se conocía la relación extramatrimonial entre el rey Juan Carlos y la exvedette Bárbara Rey y años atrás su affaire con Corinna, pero ahora, el excoronel Martínez Inglés cuenta que ha tenido casi 5.000 amantes a lo largo de su vida: “Las más bellas vedettes y las más espectaculares representantes del alto standing femenino español y extranjero pasaron por su cama de forma más o menos temporal, aunque tampoco despreció a féminas mucho más modestas”.

La biografía no autorizada cuenta episodios de la vida de don Juan Carlos nunca antes contados como que el dictador Franco creó una red de espías para vigilar al rey en su juventud. Martínez Inglés cuenta que en esa época llegó a tener “332 encuentros sexuales”.
En el libro también se habla de Liliane Sartiau, madre de Ingrid, que denunció la paternidad del rey emérito: “La conoció en París en la primavera de 1956 y tras casi diez años de esporádicos encuentros, culminó con el embarazo de la joven y el nacimiento de su presunta hija, Ingrid, en 1966. Ingrid Sartiau, conocedora de la identidad de su padre biológico, promovería en el año 2012 su reconocimiento oficial como hija natural del monarca, llegando con su petición hasta el Tribunal Supremo de este país”.

Además se revela que el momento clave que supuso el distanciamiento definitivo entre don Juan Carlos y doña Sofía fue una “pillada” con la actriz y cantante Sara Montiel.

Según Amadeo Martínez Inglés, un joven Juan Carlos de Borbón frecuentaba hoteles y fiestas privadas durante los fines de semana: “El cadete Juan Carlos aprovecha los fines de semana (los viernes y sábados pernocta fuera de la Academia) para acudir, con el pequeño grupo de cadetes vips que le acompañarán en casi todas sus salidas, a fiestas privadas donde practica sexo con amiguitas circunstanciales, preferentemente del amplio colectivo de jovencitas de la clase media alta de la sociedad zaragozana […] También acude periódicamente el joven Borbón a hoteles de lujo de ciudades más o menos cercanas y, por supuesto, a establecimientos seleccionados de Zaragoza como el Gran Hotel de la capital maña (donde dispone de una suite de lujo pagada generosamente por su entorno protector militar) para relacionarse íntimamente, y a pesar de su edad, con mujeres hechas y derechas”.

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