Víctima de abusos sexuales en el colegio Gaztelueta del Opus Dei

EXCLUSIVA

Habla la víctima de abusos sexuales en el colegio Gaztelueta del Opus Dei: “No me sorprendería que hubiese más casos. No hay que tener miedo a contarlo”

Juan Cuatrecasas, tras la entrevista. ELDIARIO.ES/EUSKADI

Iker Rioja Andueza

31 de octubre de 2020 

elDiario.es

Las respuestas que pronuncia Juan Cuatrecasas (Bilbao, 1996) tras una mascarilla negra de tela son pausadas y están salpicadas de silencios prolongados que también tienen su significado. A pesar de lo profundo de sus reflexiones, no hay unas palabras que parezcan más altas que las otras. Es la primera vez que este joven estudiante de Derecho de 24 años se enfrenta a una entrevista. No esquiva ninguna pregunta. Hace más de una década sufrió abusos sexuales cuando cursaba el primer ciclo de Secundaria en Gaztelueta, el colegio exclusivamente masculino que el Opus Dei tiene en una colina de Leioa, en Bizkaia. La situación degeneró en acoso escolar también. Todavía hoy se mantienen las consecuencias de aquello. A pesar de los esfuerzos del colegio por desacreditarle, por humillar públicamente a su familia y por proteger al ahora condenado –incluso pagando de su bolsillo parte de la defensa–, en 2018 la Audiencia de Bizkaia condenó al profesor numerario a once años de cárcel por los abusos. Ahora, dos años después, el Tribunal Supremo ha rebajado la condena a dos años porque –alegan– la víctima no contó desde el principio los episodios más graves que sufrió.

¿Quiere que entre en la cárcel?

Pues no es lo que más me preocupa. [Silencio] Aunque, evidentemente, sí que consideraría injusto que no entrase. Pero no es lo que me quita el sueño.

¿Qué le quita el sueño entonces?

Pues, básicamente, que la gente considere que lo que yo cuento no es real. O que le quiten importancia. O que consideren que algo sí es real y las otras cosas no son verdad. Vamos, que no cojan el relato entero y lo troceen en partes. Y cuando hablo de gente hablo de los jueces, de la Justicia y de la sociedad en general.

Precisamente una de las claves de la sentencia del Supremo es que consideran que no todo está probado. En concreto, las prácticas más graves no las consideran porque no las verbalizó desde el principio.

Al final, la opinión es libre y la gente me cree o no me cree, porque los que verdaderamente sabemos qué fue lo que pasó en ese despacho somos él y yo. La sentencia del Supremo la he asumido como que no me han creído o que me han creído con matices. Lo considero como algo humillante, como que me han ninguneado.

¿Qué les diría a los jueces del Supremo?

[Silencio] A ver, evidentemente, ellos hacen su trabajo. Pero, básicamente, he visto que los jueces de Bilbao me escucharon a mí. Me tuvieron delante. No es porque ellos pusieran once [años de cárcel] y los del Supremo dos. Podría haber sido más o menos, no lo sé. Pero considero que me creyeron. No estoy de acuerdo con que fueran once años pero, bueno, me creyeron y dictaron la sentencia en consecuencia a las pruebas. Que lo hayan bajado a dos sin haberme visto, sin haberme tenido delante y sin haberme escuchado… ¡Son jueces que no me han visto nunca!

Cuando dice que no está de acuerdo con los once años, ¿es porque cree que es demasiado?

No. Es porque creo que es poco.

¿Ha dudado alguna vez de sí mismo?

¿En qué sentido?

De sus recuerdos, de sus relatos… Al fin y al cabo, siempre le han echado en cara la supuesta incoherencia de su denuncia.

No [Silencio]. Más que dudar de lo que yo digo, sí que he llegado a tener un poco de miedo –sobre todo al principio– de ver qué podía contar y de si contarlo todo era malo para mí o no sé. Estoy seguro de lo que pasó. Que tenga algún recuerdo borroso o que haya cosas que pasaron y que las recuerde de una manera más confusa puede ser. Pero dudar de que eso no pasase, no.

Ha dicho que tuvo miedo. ¿A quién?

Sobre todo a mi entorno. No sé. Es algo que, cuando te pasaba, no eras consciente de que luego lo tenías que contar. Hay que repetirlo 30 veces para que te crea la gente. Cuando empecé a contarlo, tenía miedo de seguir. De que la gente, a medida que fuese contando, o me creyese menos o se echase las manos a la cabeza. Las reacciones me daban pánico.

¿Por qué decide empezar a contarlo? ¿Qué es lo que le hace decir “Hasta aquí hemos llegado”?

No lo recuerdo exactamente. Creo que fue una cadena de sucesos: que no fuera a clase, que mis padres en casa estaban desquiciados… Al final me vi un poco obligado. No, obligado no. Pero sí empujado a tener que contar por qué estaba así. Además, es que mi relación con la gente de mi edad estaba siendo nula. También me vi acorralado en ese sentido. No podía contar con nadie. Estaba en casa y a mis padres ni les hablaba porque no sabía ni qué decir. Con gente de mi clase tampoco. Llegaba a un colegio nuevo y nada. Ese cúmulo de cosas, el verte un poco arrinconado por la gente, pues te hace explotar.

Se ha hablado mucho de los abusos sexuales que sufrió pero no tanto del ‘bullying’ que ha mencionado ahora.

Probablemente, a nivel personal, creo que me ha hecho más daño el quedarme muy limitado socialmente en esa edad que el hecho de que un profesor me hiciese esas cosas. En esas edades estás más preocupado por saber cuántos amigos tienes que por cosas que luego te puedan pasar, aunque evidentemente a largo plazo sí que te hunden más que en ese momento. Que un profesor me hiciese eso me ha hundido más ahora, cuando ha pasado el tiempo. A mí, en ese momento, lo que más me dañaba era estar solo. Estar solo.

Su madre contó en el juicio que un día se tiró del coche en marcha y que otro día le agarró en la ventana a punto de precipitarse. ¿Cómo llegó a ese extremo?

[Silencio] Hay muchos sucesos de esos que no los recuerdo con nitidez. Lo del coche… Sí que recuerdo que fue porque yo no quería entrar en una clase con treinta personas. Mi madre me tiraba a hacerlo. Llegamos al colegio en el coche y, pues eso, yo no iba a hacer eso. Abrí la puerta del coche e intenté tirarme en marcha. Es como intentar huir de los problemas.

Mencionaba antes a sus compañeros. Muchos, en realidad todos menos uno, defendieron en el juicio al profesor abusador. Pagados por el colegio Gaztelueta, firmaron una serie de documentos para protegerle y defendiendo su inocencia.

Lo veo como un acto de cobardía, no sé. Fe ciega. Firmaron algo que no habían visto. Encima gente que me conoce, que ha estado conmigo no sé cuánto tiempo… Me parece… Yo no lo haría. Yo no firmaría algo que no sé si es verdad. Lo veo como algo irresponsable. Pero tampoco me sorprende de ellos, la verdad.

Han pasado los años. Entonces tenían 12 ó 13. Ahora 24 ó 25. ¿Alguien le ha llamado o le ha contactado? ¿Alguien le ha pedido perdón?

No. Ha habido algún mensaje de acercamiento pero por parte de personas contadas y alguno de otro curso. Pero vamos, que ya le digo, contados. Serán tres, como mucho. Pero no ha habido ningún acto de arrepentimiento.

Sí, puedes seguir estudiando, conseguir un trabajo o lo que sea que hagas en tu vida, pero al final [los abusos] son como ‘flashbacks’ que se reproducen en tu mente y que no puedes evitar

Juan Cuatrecasas

El colegio ha dicho que sus padres le habían perjudicado por haber denunciado este caso en los medios de comunicación. También que el profesor era inocente. Incluso dio una rueda de prensa donde se produjeron los hechos para desacreditarle.

[Silencio] Me parece humillante. Es que no sabría encontrar una palabra. Que se dediquen a proteger más a la gente que tienen ahí a su cuidado y se dejen de estos espectáculos. No les hace ningún favor. Aunque a mí también me afecta y me perjudica que el director del colegio se pasee por allí diciendo que es un poco menos que el Jardín de Edén, me hace pensar en la gente que estudia allí, que está muy engañada. Si se creen todo lo que dice ese colegio y permiten esto…

Solamente como reflexión, ¿cree que lo que le pasó a usted ha podido ocurrir en más ocasiones en Gaztelueta?

Creerlo, sí. Saberlo, no. En Primaria, en mi clase hubo un caso con otro profesor que no sé si se denunció o qué pasó. He sido testigo de que ese profesor, por ejemplo, les metía mano a los alumnos en clase. Y sé también que hay gente que no ha querido seguir con el mismo profesor al que yo he denunciado y me hizo esto. No me sorprendería que hubiese más casos.

¿Qué les diría a esas personas que no han dado el paso de contarlo nunca?

Yo, por ejemplo, al principio tampoco lo quería contar. No quería meterme en ningún embolado ni dar la cara. Entiendo que al principio sentí vergüenza, miedo o culpa o lo que sea. Pero, cuando pasa el tiempo, te das cuenta de que no haberlo denunciado habría sido mucho peor. Exteriorizarlo me ayudó mucho. A la gente la animaría, aunque sea tarde, a contarlo. Que no tenga miedo.

Después de tantos años, ¿lleva una vida normal?

Sí, con mis limitaciones, porque sigo teniendo recuerdos, pesadillas y miedo a algunas situaciones de la vida.

A encontrarme, por ejemplo, rodeado de chavales de mi edad. Eso me sigue provocando bloqueos. O verme metido en un despacho yo solo con una persona adulta. Sí, puedes seguir estudiando, conseguir un trabajo o lo que sea que hagas en tu vida, pero al final son como ‘flashbacks’ que se reproducen en tu mente y que no puedes evitar. [Silencio] Aunque llevo una vida normal entre comillas porque sí que estoy en la Universidad, hago una carrera y me relaciono con gente, aunque sea poca, sí que hay momentos en que te bloqueas.

¿Cuántos años académicos ha perdido por todo esto?

Cinco o seis. Cinco o seis. Voy cinco o seis años retrasado con respecto a la gente de mi misma edad.

¿Sigue yendo a terapia?

Sí. De manera más intermitente, pero sí. Todos [los especialistas] me han apoyado. Con algunos me he sentido más a gusto, con otros menos. Pero, en general, si no hubiese sido en parte por ellos, yo no estaría así ahora mismo. Con el doctor Iñaki Viar sí que he notado un progreso bastante importante. Básicamente él, mi familia y la abogada [Leticia de la Hoz] fueron los pocos que hicieron de impulso para que yo me atreviese a denunciar el caso y que, poco a poco, me encuentre saliendo del pozo.

¿Qué hará el día que el profesor entre en la cárcel, si es que llega ese momento?

[Silencio] Nada. Intentaré seguir con mi vida y que me afecte lo menos posible. Un cierto grado de satisfacción, pues igual sí, pero no es lo que más me preocupa. No es lo que más me importa ni me va a alegrar ni nada. A mí me alegrará cuando a mí se me reconozca, ya no solo por parte suya, sino por parte de todas las instituciones que han formado parte de esto.

¿Cree en la Justicia?

[Silencio] Sí. Pero veo que tiene serias lagunas hoy en día.

¿Y en la Iglesia o en Dios?

No. No sé si he creído alguna vez. Pero, si lo he hecho, dejé de hacerlo. Sobre todo en la Iglesia. Para no sonar muy bruto, me parece una mafia.


Gaztelueta, por encima de la Justicia: el profesor condenado por abusos es “inocente” y la víctima miente

  • El colegio del Opus Dei insiste en que “no hay ninguna prueba” que justifique la condena recibida por el docente, cuyos abusos sexuales continuados se han acreditado
  • Intenta desmontar la denuncia del menor llevando a los medios de comunicación al despacho donde se produjeron los hechos
Los responsables de Gaztelueta, en rueda de prensa ELDIARIONORTE.ES

Iker Rioja Andueza

29 de noviembre de 2018 

El colegio masculino del Opus Dei Gaztelueta, emplazado en una colina de Leioa con vistas al mar, se ha situado este jueves en otra atalaya, esta vez por encima de la Justicia y del Estado de Derecho, al manifestar en una rueda de prensa celebrada en el propio centro educativo que el profesor José María Martínez Sanz, condenado a 11 años de cárcel por la Audiencia Provincial de Bizkaia por haber abusado sexualmente de manera continuada de un antiguo alumno de entonces 12 y 13 años, es “inocente”. Según el presidente del consejo de administración que gestiona el colegio, Juan Anguisola, y el director, Imanol Goyarrola, “no existe ninguna prueba” más allá de la palabra del denunciante, cuyas supuestas inexactitudes e incoherencias han criticado duramente hasta el punto de sugerir abiertamente que todo es un montaje.

“Por si no ha quedado lo suficientemente claro, yo sigo creyendo en la inocencia del profesor”, ha recalcado un Goyarrola visiblemente enojado al término de una larga comparecencia que se ha completado con una visita al despacho del colegio en el cual, según los hechos probados por la Justicia, Martínez Sanz llevaba con una frecuencia de hasta dos veces por semana a la víctima y en la que se produjeron desde caricias y tocamientos hasta episodios más graves. El director, que se ha mostrado nervioso ante algunas preguntas de los medios de comunicación derivadas de la firmeza de sus aseveraciones y lo sorprendente de la escenificación, ha destacado que muchas de las afirmaciones del joven eran mentira porque “medio centenar” de compañeros y profesores de Gaztelueta así lo han atestiguado. De manera sorpresiva, algunos de ellos se han colado entre los periodistas y han intervenido en la rueda de prensa para dejar claro que allí no pasó nada.

“¿El joven [nunca la víctima en el discurso perfectamente planificado de Gaztelueta] dice la verdad y medio centenar miente? ¿Alguien se ha planteado que si todos dicen lo mismo es porque es verdad?”, se ha preguntado Goyarrola en voz alta. El matiz es que, como recoge la sentencia, se detectó en todos ellos un discurso homogéneo en los términos y conceptos empleados, lo que prueba la mano del colegio para que coordinasen versiones. Es más, el director se ha visto obligado a confirmar la información publicada por este periódico y ha admitido que el centro escolar redactó por escrito muchos de esos testimonios para que luego los firmaran ante notario los testigos y el abogado del condenado, Eduardo Ruiz de Erenchun, pudiese aportarlos como prueba en el procedimiento penal. ¿Y quién pagó el notario? “Lo pago el colegio”, ha asumido Goyarrola, que ha querido remarcar que todos lo hicieron “libremente” y no ha podido precisar si alguno de ellos se negó a suscribir las actas de manifestaciones. En el juicio, solamente un excompañero de la víctima rompió esa omertá y declaró que era público y notorio en el centro que el docente sacaba a su despacho al joven con más frecuencia que al resto y que ello, además, motivó burlas y comentarios. Ese acoso escolar paralelo, probado por la inspección de Educación y por la Fiscalía de Menores, también es “supuesto”, según Gaztelueta.

“El joven no estaba descontento en Gaztelueta”, ha sentenciado el director. Ha añadido también a modo de “anécdota” que la víctima llamó entre lágrimas a antiguos compañeros cuando su familia optó por trasladarle de colegio. No ha sido el único recado a sus padres, ya que les ha acusado de someter a su hijo al foco mediático por haber denunciado el caso en los medios de comunicación. El tribunal, en cambio, interpretó que el paso de contar la historia en la prensa motivó precisamente que se activaran resortes que el colegio antes ni se había planteado.

Gaztelueta, que formalmente “acata” las resoluciones judiciales y condena el abuso sexual a menores, ha criticado duramente al tribunal que enjuició el caso en octubre por no haberse acercado al colegio a ver sus instalaciones y por manipular la declaración de Goyarrola y otros testigos a la hora de redactar la sentencia. Además, ha querido reducir la sentencia a dos versiones contrapuestas cuando, como recoge la extensa resolución de 70 páginas, la versión de la víctima es coherente con lo que ha venido contando desde un inicio y viene avalada por todos los profesionales que le han tratado. Sólo los expertos pagados por la defensa sostienen la hipótesis del relato fabulado o el falso recuerdo y además ha pesado que Martínez Sanz se negara a contestar a cualquier pregunta tanto de la Fiscalía como de la abogada de la familia, Leticia de la Hoz.

Goyarrola, que ha mandado un mensaje de apoyo al condenado y a su familia por el “sufrimiento” que están padeciendo pero que desde que se conoció la sentencia no ha contactado con la víctima y sus padres, ha planteado incluso que él mismo podría haber sido denunciado falsamente, ya que fue el tutor del joven antes que el condenado y tuvo un trato directo con él. Sin embargo, entrando al terreno de las hipótesis, no ha sabido explicar ante los medios por qué si todo ha sido un montaje para desacreditar al colegio y al Opus Dei las acusaciones no fueron contra él, con más rango y galones que el profesor condenado.

El colofón a la comparecencia ha sido una visita al lugar donde se produjeron los abusos. Se trata de un despacho del edificio viejo del centro y que era empleado habitualmente por Martínez Sanz aunque, según el colegio, era un lugar “transitado” por albergar el botiquín o los balones de gimnasia, conveniente visibles hoy en el lugar. Goyarrola, rodeado de camarógrafos y fotógrafos, ha leído en ese lugar cómo la víctima denunció que se le encerraba y se bajaban las persianas, mostrando que lo que hay en la ventana son cortinas. La sentencia, en todo caso, ya aclaró que era un elemento menor qué era lo que se empleaba para oscurecer el lugar, más teniendo en cuenta que el estrés postraumático del menor, que se ha intentado suicidar en varias ocasiones, puede conllevar imprecisiones en asuntos de importancia muy pequeña.

La sala, asimismo, no está tal cual estaba hace una década. Ahora tiene un ventanuco de cristal en la puerta inexistente antaño y que impedía ver desde el exterior lo que ocurría en el interior. Durante la visita, se ha tratado precisamente de escenificar que era un lugar muy transitado, “como la Gran Vía de Bilbao”. Así las cosas, hoy en Gaztelueta todas las puertas de las aulas estaban abiertas durante las clases y numerosos niños y jóvenes salían libremente de ellas en medio de las sesiones. Uno de ellos, de cortísima edad, dejaba el aula a mediodía para ir al cumpleaños de su abuelo. Igualmente, un tutor estaba preceptuando en el despacho de autos con la puerta y ventana abiertas justo antes de la llegada de los medios de comunicación. Sin embargo, a pesar de ese trasiego, nunca nadie observó a Martínez Sanz con la víctima ni le interrumpió en el despacho mientras se desarrollaban las tutorías.

Goyarrola ha asegurado que se ha utilizado este caso para atacar al colegio, a la educación diferenciada, al Opus Dei y a la Iglesia. Actualmente, un millar de niños estudian allí. Sólo en Infantil aceptan a mujeres, ya que en Primaria y Secundaria es un centro exclusivamente masculino. Existe una versión femenina para ellas.

Como se conoció esta semana, la entrada en prisión del reo se ha pospuesto hasta que se resuelva el recurso interpuesto ante el Tribunal Supremo por sus abogados. El colegio espera que el asunto se resuelva en el plazo de un año. Entretanto, la familia de la víctima se siente insultada por la actuación del centro y se reserva la posibilidad de tomar medidas.

El Supremo rebaja de once a dos años la pena del profesor del colegio del Opus Gaztelueta a pesar de considerar probados los abusos sexuales “continuados”

  • Argumenta que no basta solamente el relato de la víctima para considerar probadas las prácticas más explícitas

Iker Rioja Andueza

28 de septiembre de 2020 

El Tribunal Supremo ha estimado en buena medida el recurso de casación formulado por la defensa del profesor del colegio masculino del Opus Dei en Leioa Gaztelueta, el numerario José María Martínez Sanz, y ha rebajado de 11 a 2 años de cárcel la condena que le había impuesto la Audiencia Provincial de Bizkaia por abusos sexuales a uno de sus estudiantes, ahora ya mayor de edad pero que en el momento de los hechos cursaba el primer ciclo de Secundaria. El alto tribunal entiende que los hechos más graves descritos por la víctima -prácticas sexuales explícitas- no están probados. Dos años es justamente el límite para que las condenas no se hagan efectivas y el docente podría eludir la entrada efectiva en prisión.

“Nos vemos obligados a insistir, una vez más, en que para la fundamentación del juicio de autoría no es suficiente un acto de fe del órgano de enjuiciamiento. No basta con que la versión de la víctima inspire credibilidad. La realidad de los hechos imputados y su atribución al acusado tienen que ser el resultado de un proceso de valoración probatoria que no reserva espacio para intuiciones voluntaristas. Cuando el Tribunal reconoce que falta el detalle de la vivencia traumática, cuando afirma que ello es así porque el impacto emocional hace explicable hasta que se carezca del recuerdo de esa vivencia y cuando, en fin, los hechos de especial gravedad son narrados muchos años después de la fecha en la que se sitúa su acaecimiento, proclamar sin fisuras que existe persistencia en la incriminación y aceptar la íntegra verosimilitud del relato, es un ejercicio de voluntarismo incompatible con el canon constitucional de valoración probatoria”, se puede leer en la resolución judicial, fecha a 21 de septiembre y cuyo ponente ha sido el magistrado Manuel Marchena, conocido por dirigir el juicio del ‘procés’ el pasado año. El resto de la sala la componen los jueces Juan Ramón Berdugo, Andrés Palomo, Ana María Ferrer y Susana Polo.

El recurso giraba en torno a la supuesta inconsistencia del relato del denunciante, que solamente narró conforme se fue haciendo más adulto los episodios más graves de abusos sexuales. El Tribunal Supremo da la razón a la defensa del profesor abusador cuando planteaba que las garantías procesales y constitucionales exigen una mayor carga de prueba para una condena tan elevada, aunque su versión viniera avalada por profesionales que lo tratraron.

No obstante, el denominado ‘caso Gaztelueta’ se cierra con los abusos sexuales sufridos por un joven estudiante como hecho probado e incontrovertible a pesar de la dura campaña del acusado, del colegio Gaztelueta, del Opus Dei y de otros sectores contra la víctima y contra su familia. Se llegaron a poner fondos para sufragar la defensa del acusado mientras se señalaba a la familia públicamente. La pena se ve rebajada de manera importante pero el Supremo remarca que los abusos fueron “continuados”. A la pena de cárcel se le añade una orden de alejamiento de la víctima de cuatro años. Fuentes de la familia pospone cualquier valoración hasta leer “con calma” la sentencia y conocer a fondo la fundamentación jurídica.

Publicado por saltimbanquiclicclic

Tres novelas publicadas, fotografía, pintura, artículos periodísticos, actualidad....

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